Nos preocupaba la salud de Gigante, el que conté que estaba mal aquel día que escribí Pesares.
Llamamos a la casa de uno de sus amigos y la mujer nos contó que había salido de terapia, había vuelto a su casa y que ahora estaba en Mar del Plata, paseando.
Se lo merecía. Y sus amigos también. Se ve que tiene mucho por hacer todavía entre nosotros.
Genial, Tolen!
ResponderEliminarMe re alegro!
ok!!!buenisimo!!!
ResponderEliminarAl que le guste leer recomiendo el libro La enfermedad como camino de Thorwald dethelefsen y Rudiger dahlke.
està buenisimo!!!