miércoles, 14 de junio de 2017

JAAAAAAAA!




91 AÑOS

La hago entrar en la cabina para hacerle una audiometría y una logoaudiometria que es una prueba de repetición de palabras.
La audiometría acusa una hipoacusia moderada.
Después le doy las instrucciones para que repita las palabras.
Ella adentro, en silencio, oye las palabras que yo le digo, sacadas de una lista.

Yo también la oigo a ella, aunque la intimidad de la cabina la haga sentir aislada.

Empiezo a bajas intensidades pero después voy subiendo a mucho más altas:


Yo : LASTRE

ELLA: JAAAAAAA QUE DIJO?

Yo: MOLDES

ELLA: MO QUÉ? JAAAAAA

Yo: MENTA

ELLA: LENTA? SERÁ SU ABUELA!

Yo: CINCO

ELLA: JAAAAAA  NO ENTIENDO NADA!!! JAAAAA

Yo: PERSA

ELLA: MERSA? JAAAAAAAAA

Yo: SEXTO

ELLA: SEXO? JAAAAAAAAAA

Yo: SELVA

ELLA: QUE ES ESA PALABRA? ME LA REPITE?

Yo: SELVA

ELLA: JAAAAAAAAAAAA QUE DICE?

Yo: CIENO

ELLA: QUE PALABRAS MAS RARAS! JAAAAAAAAAA

La saco de la cabina por temor a que le dé  paro cardíaco.

jueves, 1 de junio de 2017

Oscar tiene familia

Oscar tiene trece años y viene con su mamá para empezar a usar audífonos.
Le pregunto cuándo se desencadenó la pérdida auditiva. No sabe. Oscar es hijo del corazón, me explica.
María tiene 54 años y hacía mucho que estaba en listas de espera para adoptar.
Oscar y sus cuatro hermanos esperaban una familia. Como no encontraron una que los adoptara a todos, los dividieron. Él y su hermano menor, Abel (10) hace cuatro años que son hijos de María y su marido.
Cuando los recibieron en su hogar, Oscar no sabía leer, ningún colegio lo aceptaba. María es maestra. Aplicó su método antiguo y logró que leyera en pocos meses. Hoy va a sexto grado y es uno de los mejores alumnos.
Les costaba creer que no oyera bien. Lee muy bien los labios y es muy curioso.
Su hipoacusia es traumática. María me explica que Oscar recibió muy mal trato por parte de sus padres biológicos.
El nuevo hogar de los chicos no cuenta con grandes recursos económicos, María está agotada porque de golpe su familia creció y sus hijos tienen una vida previa y desconocida con la que tiene que cargar.
Le puse los audífonos a Oscar y empezó a reírse, no se los quiere sacar. Abraza a su mamá. Noto tanta confianza entre ellos como si hubiese crecido en la panza de María.
Se dicen todo, se hacen chistes, gastan a Abel que parece que es un demonio.
Para los cumpleaños se reúnen con sus otros tres hermanitos que fueron adoptados por otra familia.

viernes, 31 de marzo de 2017

Eleonora


El lunes cumple un siglo de lidiar con la vida. Pasó por guerras,  por todas las formas de gobierno, amores, hijos, desgracias,  felicidad, intrépidas locuras, y una otoesclerosis que fue progresando, embarazo a embarazo,  hasta una sordera profunda con la que convive sin problemas desde hace más de cuarenta años.
Me divertía verlos cuando venía con el marido, un gentleman de traje, o saco blanco y moñito sin necesitar ocasión.
Él el galán, ella la voz cantante de la pareja.
Un día quedó sola y soportó la viudez con sabiduría, como un accidente más de la vida.
Hoy la trajo su hija, empujando su silla de ruedas. La vi más flaca y un poco ausente.
La nostalgia que me produjo se disipó en cuanto me acerqué a hablar con ella.
Eligió el tema de los hijos:

- Los hijos te sacan todo, querida: la figura, la juventud, el coraje, nunca más volvés a ser la que eras. Hasta la audición te sacan. Empezás a pensar en ellos y nunca más estás primero. Nunca más sos irresponsable, nunca más te subís a un avión sin miedo. No vaya a ser que los dejes solos. ¿Quién se va a ocupar de ellos como vos? Nunca más dormís tranquila.  Te chupan la vida, querida, hay que decirlo. Y encima, ¿ te crees que te lo agradecen? Todo lo contrario. Te echan la culpa de todo lo que les pasa.

- Ay mamá, ¡no seas así!

- Dejála, me hace reír. A  mí  mis hijas también me echan la culpa de todo.

Decidió cambiar de tema:

- Lo peor son esos que te dicen piropos por la calle. Yo no les doy bolilla. A veces me dan ganas de contestarles, pero no, ni los miro. Son tremendos, no se dan cuenta de que ya no soy una chiquilina.

- Te dicen piropos Eleo, en serio?

- Me vuelven loca. ¿Y los músicos?

- Si - dice la hija, entusiasmada- van músicos al instituto donde vive. Les encanta.

- ¿Te gusta la música, Eleo?

- Siempre me gustó. Y bailo sin parar. Por eso todos los músicos se enamoran de mí.  Pero yo no quiero saber nada de novios. Bailo, me invitan, pero nada más. Los novios se terminaron para mí.